Mi amiga la bicicleta
- Popayan Ciudad Bicicleta
- 6 nov 2021
- 3 Min. de lectura

Por: Felipe Solarte Nates.
Sin duda, de los sucesos mágicos que se nos quedaron en el disco duro de la niñez, cuando del brazo de nuestra madre estrenábamos inestable caminado, fue el ver por la calle a un señor sentado agitando las piernas como un zancudo limpiándose, para andar velozmente sobre dos ruedas.
A medida que crecimos el afán de encaramarnos en un aparato de esos, se potenciaba cuando escuchábamos por radio las transmisiones de la Vuelta a Colombia donde Carlos Arturo Rueda, el argentino Arrastía Brica, Londoño Pasos y demás fabuladores, de ‘épicas’ etapas sobre carreteras destapadas y sin puentes, nos describían o se inventaban las hazañas de ‘Cochise’ Rodríguez, ‘Pajarito’ Buitrago, el ‘Ñato Suarez, la ‘Bruja’ Montoya, el ‘León’ del Tolima, el español Gómez del Moral y otros ciclistas de los años 60 pegando sucesivos arrancones o haciéndose ‘la licuadora’ en el empinado camino a La Línea o el Alto de Minas buscando apoderarse del liderato.
Esos sueños explican que la primera vez que en Navidad nos regalaran un triciclo que no duró mucho, con varios amiguitos de Santander de Quilichao nos fuéramos a estrenarlo a la recién inaugurada carretera Panamericana con el sueño infantil de llegar a Cali.
Por eso cuando crecimos y un amigo nos enseñó a montar en bicicleta lo primero que hicimos fue ahorrar para alquilar las pequeñas Monark de turismo que desde un cuarto de hora en adelante alquilaban en la peluquería a una cuadra del parque principal.
Desde entonces el placer de montar en bicicleta no ha perdido su encanto y más cuando a los 61 años la redescubrí cuando alquile una habitación a siete kilómetros del centro de la ciudad y decidí conseguirme una todoterreno de segunda para aprovechar la ciclovía que la Alcaldía de Popayán acaba de repavimentar hasta el Centro Recreacional de Comfacauca, en Pisojé.
En los tres años que llevó desplazándome en la bicicleta que me costó $100.000, casi en el mismo tiempo que lo hacía en las busetas, además de haberme ahorrado cerca de tres millones de pesos en transporte, rebajé la llanta que se estaba inflando alrededor de mi abdomen, las corvas de las rodillas dejaron de traquear y entorpecerme el andar, al consumir más líquidos y frutas mejoró mi estado físico y salud y dejé de consumir licor como lo hacía antes.
Eso sin contar los beneficios que para el medio ambiente depara el que cada vez más personas aprovechen las ciclorutas que habilitan en diferentes sectores de la ciudad a medida que adecuan las vías del Plan de Movilidad y las nuevas que inicia la Alcaldía como complementarias a la insuficiente red vial urbana.
Además de la satisfacción que depara a los amigos del ciclismo recreativo y competitivo en carretera o caminos veredales la bicicleta es un medio de transporte que debe incentivarse desde los centros educativos, como lo acaba de hacer la Universidad del Cauca, al inaugurar con 24 bicicletas su programa gratuito “Universicleta” y desde las oficinas públicas y entidades privadas en donde además deben facilitar espacios para que los usuarios parqueen sus vehículos.
Por ahora esto es lo que tengo que comentarles, porque me voy a ver por televisión los kilómetros finales del Tour Colombia 2.1, que en 2019 reunió a Nairo, Rigo, Egan, Superman López, Froome. AllaPhilippe y las principales figuras de ciclismo colombiano y mundial.



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